9 de agosto - Quinta etapa

 Chinon – Saumur (37,2 km)

Amaneció nublado, como casi todos días, pero sin amenazar lluvia. De hecho este día no nos llovió hasta ya por la noche, cuando estábamos cenando en Saumur y de hecho, fue poco. 
 
Saliendo de Chinon

Salimos a desayunar y a buscar en una tienda cercana al hotel alguna postal y a ser posible, algún imán de Chinon ya que la tarde anterior lo habíamos encontrado todo cerrado. 

Llevábamos en cabeza una cafetería frente al río Vienne que habíamos visto abierta la tarde anterior. Cuando llegamos allá resultó que tuvimos la oportunidad de pedir algo sólido para desayunar y en este caso descubrimos que hacen algo parecido a nuestras tostadas, pero mucho más soso, y es simplemente pan y mantequilla, vamos el pan sin tostar. “Pain beurre” me dijo el camarero. Buen descubrimiento pero poco valioso porque no nos gustó demasiado y nunca más lo pedimos. 
Densos bosques a la salida de Chinon


Tras este desayuno (muy protestado por Julio que no quería tomar nada pero que al final se lo tomó porque por error le pusieron también a él un buen trozo de pan), compramos una postal y ningún imán, ya que todo lo que encontramos fue una especie de negocio batiburrillo muy típico de Francia, que reunía prensa, recuerdos, loterías y no sé si alguna cosilla más. 

Salimos fácilmente de Chinon. Menos mal porque la entrada había sido una  pesadilla, pero en este caso la salida fue por otro lado completamente distinto. De hecho sólo anduvimos paralelos al río Vienne un rato y luego atravesamos un puente y enseguida entramos en uno de esos parques/bosques junto a las ciudades que fuimos visitando.  

Toda la etapa transcurrió con relativo buen tiempo. Paramos a mitad de camino en un chiringuito a tomar café tras atravesar uno de esos puentes gigantescos que  no estaba sobre el río Loira sino sobre otro de los varios que fuimos encontrando, el Vienne, que veníamos siguiendo desde Chinon.
Montserau


Tras ese chiringuito donde tomamos café nos encontramos un pueblo coquetón, Montsereau, con una iglesia en la que paramos unos minutos, San Martín de Candes, y cuando ya salíamos del pueblo encontramos el  castillo que vimos, desde fuera.
Colegiata San Martín de Candes
Por cierto, y como anécdota, resultó que al pedir café en este chiringuito tal y como solíamos hacer, es decir “deux cafes expressos” la chica nos soltó una parrafada en francés de la que no nos enteramos y que luego resultó ser una pregunta de qué tipo de cerveza queríamos, si rubia, de barril o no sé qué más. Parece que luego Julio escuchó en otro bar a un cliente pedir una cerveza utilizando la palabra “pression” y que eso se correspondía con cerveza de barril. De ahí debió venir la confusión de esta camarera. 

Castillo de Montsereau

Pero sigamos con esta etapa… Saliendo de allí, recorrimos un buen tramo (tras una considerable subida) por tierras de viñedos espectaculares y así llegamos temprano a Saumur. Eran alrededor de las dos cuando ya entrábamos en el hotel y resultó que, aunque la reserva estaba hecha por internet desde la noche anterior y confirmada, nuestra habitación no estaba preparada. Tuvimos que esperar un rato en el pasillo hasta que nos la terminaron de arreglar y en cuanto pudimos entrar y dada la hora, comimos de los que llevábamos en las alforjas. Descansamos hasta media tarde, aprovechando como íbamos haciendo los últimos días, para guasapear y buscar y reservar el hotel del día siguiente. 
Llegando a Saumur


Cuando salimos a pasear nos encontramos, como iba siendo habitual, con una ciudad pequeña, con un poco de centro histórico muy coqueto y vistoso a la orilla del río Loira y una castillo visitable previo pago. De todas formas ni siquiera nos preocupamos de ver si estaba abierto porque no pensábamos entrar.
Castillo de Saumur
En esta ocasión el centro turístico si estaba lleno de gente, básicamente con aspecto de turistas.
Castillo de Saumur
Varias plazas antiguas llenas de bares, restaurantes y heladerías, así como un concurrido castillo donde se iba a celebrar un espectáculo ecuestre. Tras la visita y ya oscureciendo, escogimos un restaurante con terraza para cenar unas ensaladas, una de las cuales llevaba queso fundido y encantó a Julio. Llovizno algo mientras cenábamos pero ahí quedó la cosa. 
Saumur


La vuelta al hotel la hicimos andando, atravesando un par de enormes puentes sobre dos enormes brazos del Loira. Que gusto un río tan caudaloso. Nuestro hotel estaba frente a la estación del ferrocarril, en un barrio popular de la ciudad, así que a la vuelta atravesamos varias fiestas callejeras con cantantes y varias atracciones de barrio. Es de lo poco típicamente francés que hemos visto en este viaje, ya que la mayoría de los pueblos y las ciudades que hemos visto estaban vacías de nacionales y únicamente en los sitios turísticos se veía gente.
Ayuntamiento de Saumur
Cuando llegamos al hotel repasamos, como solíamos hacer, tanto en la tele como en el móvil, el tiempo que nos esperaba la etapa siguiente y los pronósticos eran bastante alarmantes…
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