10 de agosto - Sexta etapa

Saumur /Angers (47 km en tren)

 Tal y como aparecía el día anterior en todas la previsiones, el día amaneció lluvioso y ventoso. Desde nuestra ventana, justo enfrente de la estación de ferrocarril, pudimos ver como varios ciclistas se iban acercando a la misma, suponíamos que para mirar horarios y posibilidades de marcharse de la ciudad en tren. 

Dudábamos que hacer, aunque en los diferentes canales de televisión que veíamos decían que iba a ser un día no sólo muy lluvioso, sino con fuertes vientos y tormentas. Al final recogimos nuestras bicis y ya por entonces comenzaba a lloviznar y el viento era fuerte. Sin decidirnos, cruzamos la calle hasta la estación y nos enteramos que había posibilidad de ir hasta Angers en un tren que admitía bicicletas y que salía a las once y media. Dudamos y dudamos, pero el tiempo no parecía mejorar, así que al final, sacamos los billetes. De todas formas no teníamos asegurado el transporte porque según nos informó la poco amable taquillera, aunque el traslado de las bicicletas era gratuito, sólo se podría subir con ellas si había sitio y eso no nos lo podían garantizar. Entendimos con ello que el tren venía de otro lugar y, tras desayunar en un baretucho cercano unos cafés y unos cruasanes, nos sentamos a esperar la llegada del tren en la sala de la estación. Pasó un buen rato y menos mal que Julio se dio cuenta de que unas chicas entraban con bicicletas, se iban para el andén y no volvían. Sospechó entonces que el tren en el que nos teníamos que ir no iba a llegar, sino que podría ser el que estaba toda la mañana parado en una vía más alejada.
Esperando subir al tren en Saumur
Efectivamente así era y menos mal que se dio cuenta a tiempo, porque quedaba poco para la salida del tren y nosotros pensábamos seguir esperando hasta que supuestamente llegara el tren por la vía más cercana. Y menos mal también que hubo sitio suficiente para las bicis porque el siguiente tren no salía hasta las tres y algo de la tarde. 


Tras un trayecto de media hora llegamos a Angers. Por el camino el tiempo era muy revuelto y con bastante viento. Llegamos a Angers y pronto encontramos la oficina de información. Nos disponíamos a deambular por la ciudad cuando empezó a llover como lo hace allí, a cántaros. Acabamos refugiándonos en una cafetería a tomar café.
Tomando café nada más llegar a Angers
Lluvia y lluvia sin parar durante un ratazo.
Refugiados mientras diluviaba en Angers
Al final creímos que había parado y salimos, pero para nuestro desconcierto, nada más salir volvió a arreciar. Nos volvimos a refugiar en la propia oficina de información hasta que paró. 


Teníamos un problema este día y era que la recepción del hotel que habíamos reservado por internet la noche anterior cerraba entre las doce y las seis y nosotros habíamos llegado a Angers a las doce. Es decir, que teníamos que esperar, acompañados de bicis y equipaje hasta las seis de la tarde. 
Fortaleza de Angers

Típicas casas cercanas a la Plaza de la Croix
Nos arriesgamos y dejamos aparcadas la bicis en los soportes que había en la puerta de la oficina de Información Turística. Dimos una vuelta por la parte histórica de la ciudad que estaba, para variar, totalmente desierta. Era domingo además y con todo cerrado, las calles desiertas y medio chispeando, la verdad es que la ciudad ofrecía un aspecto bastante tristón.

El castillo era una preciosidad, enorme y majestuoso, y había algunas plazas muy bonitas, con las casas típicas de maderas en en las fachadas y la que nos dejó sin habla fue la Casa d'Adam, una enorme casa medieval haciendo esquina en la Plaza de la Croix,  con tallas en madera repartidas por toda la fachada. 
Casa d'Adam en la Plaza de la Croix


Al final, recogimos las bicis y nos fuimos a comer a un “Subway” que, además de ser de lo poco que vimos abierto, nos permitía tener las bicis a la vista. El problema fue que no tenía aseo, pero mira que luego, al subir a ver la catedral, en la puerta había un cuarto de baño de pago (0,20€) que era una monería, limpio y completísimo. Con puerta automática, enorme, una chulada. 

Alrededor de las cinco decidimos acercarnos al hotel y esperar allí. Menos mal que había una plaza justo al lado y nos pudimos sentar y además sobre las cinco y media vimos movimiento en la puerta, nos acercamos y efectivamente ya había un recepcionista que nos atendió y nos dio las llaves de la habitación. 

Volvimos a visitar la ciudad, ya sin tener que estar pendientes de las bicis y poco más vimos. 

Pasamos al otro lado del río Maine, adentrándonos en el barrio de la Doutre y subimos por una larga calle en cuesta llena de casas con entramados de madera en sus fachadas. 
Cerca del comiendo de esta calle se encuentra la Iglesia de la Trinidad.
Iglesia de la Trinidad (La Doutre)



Bastante más arriba nos encontramos con el Hospital de Peregrinos, antiguo monasterio en el que hace siglos se cobijaban las prostitutas y sus hijas, cuando las llevaba la policía porque querían abandonar la mala vida.
Hospital de Peregrinos (La Doutre)

Acabamos cenando en un Mc Donald e intentamos tomar una infusión en una cafetería, pero entre que había mucha gente y el apuro que llevábamos por no haber encontrado aún hotel para el día siguiente, decidimos recogerlos para ver si lográbamos algo. 



Al final, ya en el hotel, y tras buscar sin encontrar nada en Saint Florent le Vieil, encontramos un hotel en otra localidad, Ancenis y lo reservamos.
El rio Maine y Angers desde el barrio de La Doutre
Claro que ello suponía que la etapa del día siguiente pasaba a tener algo más de setenta kilómetros, ya que Ancenis estaba a unos quince kilómetros de Saint Florent.