París / El Altet / Cartagena
Tan pronto nos levantamos la emprendimos con el equipaje. Había que prescindir de uno de los cuatro bultos, ya que teníamos la posibilidad de facturar una maleta y cada uno de nosotros podíamos montar con equipaje de mano un bulto, es decir, tres en total.
De todas formas unas de mis alforjas se había roto el último día y no se podía arreglar, de manera que esa alforja se iba a quedar para siempre en París.
Logramos agrupar todo en tres bultos (uno de ellos fue una bolsa que habíamos comprado en una especie de chino del barrio el día anterior y que Julio amarró con papel celo, una cutrez, tanto que al facturarlo le hicieron firmar una especie de exención de responsabilidad por parte de la compañía en caso de que se rompiera).
Aún nos dio tiempo a salir a desayunar en un bar de la esquina donde nos tomamos una especie de cola caos y unos cruasanes. El bar lo llevaban unos chinos y lo frecuentaban trabajadores, pero a nosotros debieron vernos caras de ricos, porque nos cobraron 12€. Un timo y un robo.
 |
| Esperando coger el bus para el aeropuerto |
Teníamos algo de tiempo pero no el suficiente como para irnos del barrio y volver, así que dimos algunas vueltas, pero no había mucho que ver, era un barrio al fin y al cabo y gran parte de los comercios y bares estaban cerrados por vacaciones.
Sobre las diez nos fuimos ya hacía Porte Maillot, desde donde salía nuestro autobús al aeropuerto de Beauvais. Llegamos temprano y nos sentamos en un coqueto restaurante a tomarnos un café.
Aún tuvimos que hacer un rato de cola hasta que nos pudimos subir al autobús. Una hora y pico de camino y llegamos al aeropuerto.
Comimos allí y, aunque pretendíamos encontrar algo para Amaia en las tiendas, resultó que no había nada más que una dentro y era de licores y tabacos.
 |
| Esperando el bus para el aeropuerto |
El avión salió puntual sobre las dos y media y a las cinco aterrizamos en Alicante.
Aún nos quedaba recoger el coche que habíamos tenido que dejar en el aparcamiento del aeropuerto. Fueron 165€ que tuvimos que pagar en el puesto de control por pasar la cantidad permitida que se podía pagar con tarjeta.
A las siete y pico llegamos a casita. Nuestros animales estaban todos esperándonos porque Marisol nos había dejado a Eva allí para ahorrarnos tener de recogerla.
Los gatos, perfectamente cuidados, estaban en perfectas condiciones.
Final feliz para un bonito viaje.
 |
| Ya en el avión... ¡Hasta la próxima! |