Ancenis – Nantes (45,6 km)
Amaneció, como siempre, nublado.
Desayunamos lo que habíamos comprado el día anterior en nuestro paseo por el pueblo y salimos a por nuestras bicis.
La chica que estaba en recepción en ese momento hizo un intento, no demasiado exitoso, de hablarnos en inglés, pero bueno, ya fue algo. Sólo ella y uno de los dos chicos de la tarde anterior lo habían hecho, el resto, como ya dije nos hablaban en francés, además sin hacer el menor esfuerzo por hacerse entender, a pesar de que nuestras preguntas en ese idioma estoy segura que no daban la sensación de que dominásemos el idioma.
Julio había encontrado en el google un camino que salía frente al hotel y nos conectaba con el carril bici que transcurría al lado del Loira.
Tan contentos de no tener que volver a andar junto a la carretera sin arcén y con mucho tráfico hasta el pueblo, empujando bici, pues nos dirigimos para allá, pero nuestro gozo en un pozo, cuando resultó que el camino que aparecía en internet era un camino privado. Existía y estaba abierto, pero tenía un enorme cartel a la entrada de la finca que aclaraba que evidentemente se entraba en una finca privada y estaba prohibido el paso. Así que vuelta a la carretera y a empujar bici hasta las cercanías del pueblo donde ya pudimos subirnos con un mínimo de garantías de seguridad.
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| Castillo de Ancenis |
Antes de salir de Ancenis, paramos en una plaza junto al río, a tomar un café. De paso compramos una postal en la oficina de información, ya que la tarde anterior no habíamos podido al no encontrar ni una sola cosa abierta.
Nos disponíamos a tomarnos el café en la terracita cuando, ¿cómo no?, empezó a lloviznar. Tuvimos que entrar en el barecito a tomarnos el café y con llovizna empezamos nuestra última etapa.
Con tiempo nublado y lloviznando a ratos fuimos un buen rato en una etapa que en su comienzo la hicimos casi todo el rato pegados a una vía de tren.
Avanzábamos tranquilamente por nuestro carril bici cuando, llegando a un pueblo, Oudon, empezó a llover algo más fuerte y viendo que el chaparrón amenazaba con ser fuerte, nos refugiamos en la entrada de un supermercado, donde ya había unos chicos parados.
Lo que no sospechábamos era el largo rato que íbamos a estar allí. En aquel momento no comprobamos la hora, pero tras mirar el gps hemos visto que la parada duró 50 minutos. De hecho la pequeña entrada del supermercado, que era chiquitajo, un súper de barrio, se llenó de ciclistas. A última hora apenas cabíamos todos apiñados tratando de protegernos de la fuerte lluvia.
Nada más despejar salimos a seguir con la etapa que era de cincuenta y pico kilómetros. Pretendíamos llegar a medio día, pero con este parón ya iba a resultar imposible.
Deambulamos por el pueblo donde no estaba muy claro el camino a seguir. Llegamos hasta el extremo de este pueblecito y para nuestro disgusto, resultó que había varios bares con buena pinta abiertos donde podíamos habernos refugiado durante la lluvia, tranquilamente tomando un café mientras esperábamos que parase, en lugar de haber estado de pie en la puerta del supermercado. Bueno, ya no tenía solución, y como decía Julio ya lo sabíamos “para la próxima vez”.
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| Oudon |
Seguimos tranquilamente tras este parón y logramos avanzar sin mojarnos un rato aunque soportando bastante viendo, una vez más por zonas abiertas.
Sobre las dos de la tarde, llegamos a un pueblo, Mauves-sur- Loire y pensamos parar a tomarnos algo de lo que aún llevábamos en las alforjas en alguna zona de descanso, pero entre que no vimos ninguna y que volvía a lloviznar, optamos por buscar un lugar donde comer.
Encontramos un restaurante modesto con oferta de menú a 10€ donde ya encontramos varios ciclistas. Paramos también nosotros y resultó ser la mejor comida relación calidad-precio de todo el viaje. Sin ser gran cosa culinariamente, por lo menos comimos bien y a un precio razonable, con un buffet libre como primer plato y todo.
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| Comiendo en Mauves-sur-Loire |
El tiempo era malísimo, lluvia, viento y fresco, pero teníamos que seguir si queríamos llegar a tiempo de entregar las bicis ese mismo día tal y como habíamos quedado.
No es que fuéramos mal de tiempo porque la tienda cerraba a las siete creo recordar, pero tampoco era cuestión de eternizar la etapa.
Ya no quedaba demasiado hasta Nantes y además el tiempo fue mejorando a partir de entonces. De hecho llegamos a Nantes con sol.
La entrada Añadir leyendafue algo complicada porque es una ciudad bastante grande y cuando tuvimos que dejar el carril bici junto al río, debimos deambular un rato por calles con tráfico, todo gracias a nuestro gps que se las sabe todas y que esta vez no nos hizo la jugarreta de Viena que fue apagarse justo a la entrada de la ciudad, lo que nos costó horas para poder encontrar el hotel el año pasado.
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| Comiendo en Mauves-sur-Loire |
Sobre las cinco de la tarde, de pronto, como por sorpresa estábamos frente a la tienda donde teníamos que entregar las bicis.
Tantos días acompañados siempre de ellas y casi sin darnos cuenta estábamos cruzando a la tienda, desmontando las alforjas y devolviéndolas.
El muchacho, que hablaba inglés, nos dijo que, aunque habíamos pagado por tarjeta en Orleans, algo había fallado y en realidad la operación no había funcionado, así que teníamos que volver a pagar.
Casi sin darnos cuenta, dejamos a nuestras compañeras de viaje en la tienda y salimos cargados de las alforjas. Daba hasta pena verlas ahí, como abandonadas.
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| Entrando a Nantes. Nos quedeban minutos para estar con ellas |
El hotel resultó estar muy cerca y ser de los mejor que habíamos disfrutado en todo nuestro recorrido. Moderno, limpio, cómodo y céntrico, además de incluir desayuno por el mismo o menor precio que otros peores sólo ofrecían la habitación.
Ducha y salida rápida a ver una ciudad que resultó ser preciosa y de lo más animada.
Majestuosos edificios, elegantes plazas bulliciosas, calles comerciales llenas de gente… un sueño después de la soledad que habíamos visto en casi todos los pueblos por los que deambulamos los días anteriores.
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| LLegando a Nantes |
Vimos la catedral y de allí nos dirigimos, siguiendo una línea verde pintada en el suelo que iba enlazando todos los lugares visitables de la ciudad, hacia la fortaleza ducal medieval que era una de las atracciones turísticas mayores de Nantes. Antes vimos una torre que había pertenecido a la primera fábrica de galletas Lu y que había quedado como parte de un centro comercial visitable. Muy coquetona.
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| Fábrica de Galletas Lu |
Al lado estaba la impresionante fortaleza, rodeada por un foso con agua, lleno de patos y con actividades culturales en los jardines de alrededor. Se preparaba en ese momento un concierto de música japonesa tradicional, pero no nos quedamos porque….había que seguir visitando una ciudad de la que nos íbamos al día siguiente a primera hora.
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| Castillo de Nantes |
De todas formas creo que nuestra ausencia no se notó mucho porque había bastante gente tumbado en la hierba sobre esterillas a la espera de que la japonesa vestida con kimono comenzase la marcha-marcha.
Seguimos visitando Nantes. Pasamos por unas galería comerciales preciosas, Passage Pommeraye, y luego, en nuestro deambular encontramos una grandiosa plaza de nombre Graslin, con un espectacular teatro en uno de sus ladosTeatro Graslin en uno de sus lados.
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| Plaza Graslin |
La plaza era tan espectacular que decidimos cenar allí, viéndola, y lo único que encontramos al alcance de nuestro bolsillo fue una hamburguesería. Tan contentos nos fuimos a sentarnos en una de las mesas que tenía fuera, pero, cuando nos sentamos, mira tú por donde, empezó a llover. Aguantamos un rato a ver si paraba, pero en vista de que arreciaba, tuvimos que meternos y cenar dentro.
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| Place Royale - Nantes |
Una pena.
Intentamos dar otro pequeño paseo al terminar de cenar, porque la ciudad parecía animada, pero llovía cada vez más.
Estábamos cerca del hotel, así que optamos por meternos en el vestíbulo, donde había unos sofás a esperar que parase, y entonces nos dimos cuenta de que había una servicio allí de agua caliente y diferentes infusiones. Vimos el cielo abierto porque eso era precisamente lo que íbamos buscando, una infusión.
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| Passage Pommeraye |
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Nos hicimos una para cada uno y en vista de que la lluvia no cesaba y ya habíamos visto bastante de la ciudad, subimos a nuestra habitación. De todas formas ya era tarde y al día siguiente teníamos que madrugar.