Nantes /París (en tren tgv)
Nos levantamos temprano y con nuestras alforjas esta vez en las manos, caminamos hasta la estación del tren. No tardamos mucho en llegar, aunque debido al peso se hizo algo largo.
Habíamos desayunado en el hotel. Un buen desayuno, y además incluido en el precio de la habitación. Bueno, pero al llegar a la estación, como nos sobraba tiempo, nos sentamos en la cafetería a tomarnos un café.
A las nueve salimos de Nantes y a las doce estábamos en París.
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| Vuelta en tren a París |
Tras unas estaciones de metro, llegamos a nuestro hotel, esta vez mucho mejor que el primero. Modesto pero muy bien. Con su espacioso cuarto de baño, un lujo.
Tardamos nada en volver a salir para visitar París.
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| El Louvre |
Como teníamos que elegir algo y se acercaba la hora de la comida, decidimos recordar la zona del Louvre y así entrar a comer en el Carrusel, donde comimos en varias ocasiones en nuestros anteriores viajes.
Llegamos allí y aquello era un mar de gente. Siempre había estado concurrido, pero nada comparado con esta ocasión.
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| En el Louvre. |
Y lo peor fue que, tras dar varias vueltas no encontramos la forma de entrar a los restaurantes. Recordábamos haber bajado por las pirámides y encontrar allí las galerías comerciales y los restaurantes, pero en esta ocasión la cola era tan larga para bajar que había carteles anunciando que el tiempo de espera para acceder al Louvre era de dos horas y media.
Tras dar muchas vueltas sin encontrar otra opción para entrar, decidimos marcharnos y buscar otro lugar donde comer y justo entonces vimos una entrada en la parte trasera del museo donde ponía “Carrusel del Louvre”. Tan contentos entramos y nos pedimos un par de menús.
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| La calidad de la comida fue...¡puajj! |
Uno de comida francesa y otro de comida marroquí. Un asco.
Aquello era una locura de gente y la calidad de las comidas era ínfima. Nada parecido al agradable ambiente y las ricas comidas que recordábamos. Todo hacía recordar un bar de comida rápida y nula calidad. Nos gastamos un pastón porque no era nada barato y comimos fatal.
Menos mal que al final conseguimos sentarnos en unos cómodos sillones para tomarnos un café y descansar un ratito.
Salimos y mezclados con una masa de turistas compramos unos regalitos en las tiendas de al lado (yo me compré un pañuelo donde decía Paris, no es que sea muy original, pero me hizo ilusión), subimos por toda la avenida de los Campos Elíseos, mientras, oh sorpresa, volvía a llover.
No llegó la sangre al río y al poco paró.
Subimos hasta el Arco del Triunfo y entre una masa de turistas que apenas nos dejaba avanzar, decidimos marchar a otro lugar, a seguir recordando.
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| Pues resulta evidente... |
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| Mas selfies... |
Bajamos un trecho de los Campos Elíseos y cuando vimos una entrada de metro, lo cogimos y llegamos con él hasta Notre Damme.
Aprovechamos para buscar un supermercado y comprar unos “macarons” y poder traerle un detalle a Loli que se estaba portando genial con los gatos. Menos mal que en un Carrefour City vimos unas cajitas a unos 4€ y compramos dos, una para ella y otra para nosotros, porque habíamos visto cajas para regalo por ahí que costaban veintantos euros y más.
Un rato de paseo por allí y, como ya iba llegando la hora de cenar, nos metimos por el Barrio Latino y sin buscarlo, encontramos un local griego donde habíamos cenado un riquísimo “Gyros” en otro viaje.
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| Cenanado un gyros |
El gyros no es otra cosa que el súper conocido kebab pero en esta ocasión lo hacen los griegos.
El caso es que nos hizo ilusión y volvimos a entrar a cenar aquí.
Era un poema ver a los camareros y sus delantales que habían sido blancos.
Por cierto que el local, en esta ocasión, estaba invadido por chinos, como casi todo París.
Cuando salimos, poco más cabía. Una pequeña vuelta y de cabeza al metro, a nuestro hotel.